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Las enseñanzas del pesebre

Pbro. José Martínez Colín

 

Para saber
 
Una familia puso un nacimiento en la sala. Todos colaboraban. El niño pequeño puso una hamaca y en ella al niño Jesús. Su mamá le recordó que lo habían recostado en un pesebre, pero el niño defendió su decisión: “Sí, en un pesebre, pero en la hamaca está más cómodo”.
 
Nada en el nacimiento de Jesús es casualidad. El Papa Francisco señaló en su homilía de Navidad que el pesebre tampoco fue casual, sino un signo, y que incluso este pequeño objeto, aparentemente insignificante, nos ayuda a reencontrar el verdadero significado de la Navidad para no distraernos con lo superfluo. El Evangelio lo menciona varias veces: Nos dice que María colocó a Jesús «en un pesebre» (Lc 2,7); los ángeles, anuncian a los pastores que encontrarán al niño recién nacido acostado en un pesebre (v. 12); y los pastores encuentran «al recién nacido acostado en el pesebre» (v. 16). Dios quiso decirnos algo con ese signo. Al menos podemos descubrir tres cosas: la cercanía, la pobreza y lo concreto.
 
Para pensar
 
Lo primero que significa el pesebre de Belén es la cercanía. La función del pesebre es presentar la comida de modo inmediato. Pero el hombre, en cambio, fomenta sus hambres de poder, de dinero y de placer desordenado devorando a sus hermanos débiles, especialmente a los niños y a los pobres, como en la guerra. Pero Jesús se hace muy cercano en el pesebre para saciarnos con el verdadero alimento de su propio cuerpo en el pan de la Eucaristía. No olvidemos que la palabra “Belén” proviene del hebreo que significa: “Casa del pan”.
 
El pesebre es incómodo, pero Dios se acomoda allí para hacernos sus hijos y nutrirnos de ternura. No permanece distante y potente; Él, que estaba sentado en el Cielo, se deja recostar en un pesebre. Dice el Papa que desde el pesebre nos habla: “Si sientes que los acontecimientos te superan…, si tienes hambre de justicia, yo, Dios, estoy contigo. Sé lo que vives… Conozco tus miserias y tu historia. He nacido para decirte que estoy y estaré siempre cerca de ti”.
 
Para vivir
 
En segundo lugar, señala el Papa, el pesebre nos habla de la pobreza. Jesús no tuvo a nadie alrededor, sino a quienes lo querían: María, José y los pastores; todos pobres, unidos por el afecto y el asombro; no por riquezas. El humilde pesebre saca a relucir las verdaderas riquezas de la vida: no el dinero o el poder, sino las personas. Y la primera persona y riqueza es Jesús. El Papa pregunta: ¿Amamos su pobreza, o preferimos quedarnos cómodos en nuestros intereses? ¿Lo visitamos en los pobres pesebres del mundo.
 
En tercer lugar, el pesebre nos habla de lo concreto. Un niño en un pesebre es una escena que impacta: Dios se ha hecho verdaderamente carne. Jesús, pobre, no hizo muchos discursos sobre la pobreza, sino la vivió en concreto hasta las últimas consecuencias. La Navidad significa el amor de Dios por nosotros en concreto, con obras, hasta su muerte. No nos amó en broma. Jesús no quiere sólo buenos propósitos, busca que vivamos nuestra fe y amor de modo concreto, con hechos de adoración y de caridad. No dejemos pasar esta Navidad sin hacer algo de bueno. Ya que es su fiesta de cumpleaños, hagámosle regalos que le agraden. (articulosdog@gmail.com)

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