El libro de mi vida – En el Camino

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Por: Psic. Jesús Alfredo López

 

Al levantarme esta mañana, miré de frente el libro de mi vida… No sé quién lo puso sobre mi cama.

Pensé en ignorarlo, como siempre, ¿para qué leer lo que yo mismo cada día escribo o es que acaso no lo conozco todo?

Siendo yo el autor, día a día le agrego información, hojas que con mis actos se llenan y van formando capítulos.

No sé por qué, pero en esta ocasión, dentro de mi impulsiva y acelerada vida, decidí hacer una pausa.

Al empezar a leer el libro de mi vida lo primero que encontré es lo poco que me conozco. Algunas cosas me ocasionaban risa, otras enojo o aburrimiento.

Noté que en lo rutinario de mi vida, al vivir prácticamente en automático, lo único que aumenta y cambia es el sufrimiento.

Pero, ¿qué puedo hacer?, me hice esa pregunta angustiante. ¿Cómo poder escribir algo diferente si es tan poco lo que me conozco?

Meditando acerca de todo lo leído, un dolor en el estómago me empezó a invadir, al observar vehementemente lo que me aquejaba pude notar que la causa era la incomprensión.

Me pareció tan extraño, ya que la peor incomprensión no es la que viene de otros, es la que proviene de uno mismo.

Medité en que la mejor manera de comprenderme es realmente conociéndome. Inmediatamente registré una sensación monstruosa, tan identificable, ya que todo mundo conoce a este terrible sentimiento llamado “miedo”. El mismo que aprisiona y engaña, conduciéndonos a una vida de fracasos.

Cansado y sin darme cuenta, abrazando el libro, terminé en el suelo, llorando sin consuelo estuve a punto de quedar dormido.

Una voz que emanó del libro acabó con el sigilo, dulcemente escuché cual dulce silbido: “¡Valentía, tu herramienta es la valentía!”.

Sí, esa era mi respuesta, mi solución, mi arma infalible, pero ¿cómo obtenerla?

Hice una pausa y acudí al más sabio libro, al primero de todos, al más vendido y menos leído.

Ahí encontré preparación y que las respuestas se encuentran en sabios libros.

Empecé a actuar aún sin estar totalmente preparado, valoré mucho más a mi familia y amigos, renació en mí la gratitud, la humildad y el gozo.

Entusiasta con el corazón, como el de un niño, recupere el entusiasmo y creí de nuevo en mí.

Poco a poco, sin darme cuenta, se fortaleció la fe de un alma que antes estaba desnuda y hambrienta.

La valentía llegó y fue ahí cuando empecé a conocer a una nueva persona, capaz de lograr lo inimaginable cuando el dominio no es por el miedo.

Cuando la valentía está sustentada en preparación, valores, familia, amigos y fe, es real y está destinada a un continuo crecimiento.

Pude por fin comprenderme al ver con júbilo a una versión antes desconocida de mí. La que no siendo perfecta es capaz de seguir adelante.

Tengo mayor conocimiento de mí, percibo mis fortalezas y mis debilidades,  evito los pretextos o justificaciones para no atreverme a vivir.

El estilo y sentido de escritura ahora lo he cambiado, evito el caminar con una venda en los ojos. Así seguiré, ya no hay más tormento, doy gracias a Dios en todo momento.

 

*Nuestro colaborador es Licenciado en Psicología. Consultorio: Av. Revolución entre calles 39 y 40. Teléfono: 653 (12) 1 7161.

 

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