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Al comenzar el año

Para saber
 
“Ojalá tus problemas duren lo mismo que tus propósitos de Año Nuevo”. Cuando leí esta frase irónica me causó gracia, pero tiene su verdad. Con frecuencia nos hacemos buenos propósitos y con facilidad los abandonamos. Sin embargo, no es del todo inútil hacerlos: por una parte indican que nos conocemos y sabemos en qué luchar; por otra, señalan la buena voluntad de querer enfrentarlos. Tal vez falta poner mejores medios para conseguirlos, y quitar las dificultades del camino. Además, recordar que no somos perfectos y probablemente fallaremos, pero lejos de desanimarnos, habría que recomenzar con humildad.
 
Siendo tan necesario recuperar la paz, mundial y la del hogar, al empezar el año el Papa Francisco nos invita a proponernos dejar entrar en nuestros corazones la paz de Dios. Pero, ¿cómo lograrlo? El Papa propone dejarnos aconsejar por unos humildes personajes de la Navidad: los pastores de Belén, los primeros que vieron a la Madre con el Niño, no los sabios, ni poderosos. Nos enseñan dos gestos sencillos, aunque no fáciles: ir y ver, los pastores fueron y vieron. Veamos a continuación.
 
Para pensar
 
En primer lugar, ir. Los pastores «fueron, rápidamente» (Lc 2,16). No se quedaron quietos. Era de noche, tenían que cuidar a sus rebaños y estarían cansados; podrían esperar a que amaneciera, pero fueron rápidamente, porque ante lo importante es necesario reaccionar con prontitud; porque «la gracia del Espíritu Santo ignora la lentitud» (S. Ambrosio). Y así, encontraron al Mesías.
 
Para recibir a Dios y su paz no esperemos cómodamente a que las cosas mejoren. Hay que levantarse, ir, arriesgar, dejar las comodidades. Al comienzo del año, dice el Papa, vendría bien preguntarnos: “Yo, ¿hacia dónde quiero ir este año? ¿A quién voy a hacer el bien?” Muchos están esperando el bien que sólo cada uno puede hacer. Pero la pereza anestesia y la indiferencia paraliza. Los pastores nos estimulan a ir a servir: ¡pongámonos en marcha!
 
Para vivir
 
El segundo gesto es ver. Los pastores llegaron junto al niño y lo contemplaron. Luego, glorificaron y alabaron a Dios. Es importante ver, abrazar con la mirada, quedarse, sin decir nada, delante del Niño que está en brazos de la Madre, y luego alabarlo.
 
Al comienzo del año, es bueno tomarnos un tiempo para ver, y contemplar lo que es verdaderamente importante: Dios y los demás. Mientras que el mundo nos anestesia, el encuentro con Dios, nos da paz. Cuántas veces, por prisas, no tenemos tiempo para pasar un minuto en compañía del Señor, para adorar y alabarlo. Lo mismo con los demás: apurados, no hay tiempo para escuchar a la esposa, al marido, a los abuelos, a los hijos, y preguntarles cómo se sienten por dentro, no sólo sobre estudios y salud. Sería un buen propósito tratar de ver a quienes viven a nuestro lado, a quienes encontramos por las calles: ¡aprender a ver!
 
Este primero de enero, como cada año, celebramos a la Virgen María, como Madre de Dios. Un dato esencial de la fe, pero sobre todo una noticia bellísima, impresionante y consoladora: Dios tiene una Madre y así se ha vinculado con nuestra humanidad. Vayamos y miremos al Niño con su Madre, y este será un año verdaderamente nuevo.
 
José Martínez Colín es sacerdote, Ingeniero (UNAM) y Doctor en Filosofía (Universidad de Navarra).(articulosdog@gmail.com)

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