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Arizona, 1864

Andrés Martínez
 
Saludos desde 1864, año en el que Maximiliano viene hacia México para proclamarse emperador, aprovechando que la Guerra Civil lleva cuatro años desgastando a la Unión Americana, y en el que aquí en el territorio de Arizona (que no se incorporará como estado por otro medio siglo), la legislatura acaba de pasar una ley que prohíbe el aborto, salvo en casos donde está en peligro la vida de la madre.
 
Nuestro viaje por el tiempo es cortesía de Donald Trump, quien orgullosamente eligió ministros de la Suprema Corte que tenían la intención de derogar el derecho constitucional al aborto establecido con el fallo de Roe v. Wade de 1973, y que cumplieron con su misión con el fallo de Dobbs v. Jackson de 2022, cuando, por primera vez en su historia, la Corte se dedicó a quitarle derechos fundamentales a la ciudadanía, en vez de ampliarlos.
 
El resultado ha sido caótico: un asalto en contra de la mujer, una crisis de salud y atención médica, y un laberinto de incertidumbre jurídica sobre las leyes en cada uno de los 50 estados en ausencia de una norma constitucional federal.
 
Aquí en Arizona, la semana pasada, el Tribunal Supremo Estatal decidió que la ley operante en este estado es la prohibición de 1864, que se aprobó décadas antes de que las mujeres pudiesen votar o tener cuentas bancarias.
 
Además de ser un embate en contra de la libertad individual, la criminalización del aborto representa también un parteaguas en el clima electoral estadounidense que amenaza con terminar, de una vez por todas, con las aspiraciones de Donald Trump de regresar a la Casa Blanca.
 
En Arizona, el estado más reñido en la elección de 2020, donde JoeBiden ganó por unos 10,000 votos, si hace dos semanas los temas que se perfilaban como los más importantes en la campaña electoral eran la economía e inmigración, ahora los temas dominantes son aborto, aborto y aborto. Y lo será aún más explícitamente si los demócratas consiguen incluir en la boleta -como todo indica que lo harán- una iniciativa de ley que consagraría el derecho al aborto en la Constitución estatal.
 
Según encuestas, el 59% del electorado en Arizona favorece el acceso a atención médica reproductiva y considera que toda decisión en ese ámbito debe tomarse entre la mujer y su médico, mientras que solo el 34% apoya prohibiciones gubernamentales.
 
Ya en las elecciones intermedias de 2022, los republicanos sufrieron las consecuencias del fin de Roe v. Wade, y en muchos estados conservadores este tema tiende a aumentar el electorado, atrayendo votantes que típicamente no participan en elecciones.
 
El pánico dentro del Partido Republicano ante su «éxito» es notable. Kari Lake, la candidata al Senado por Arizona, aliada a Donald Trump, elogiaba la ley de 1864 hace un par de años, pero ahora dice que es demasiado extrema. Trump mismo, quien le prometió a la base evangélica de su partido reclutar a los ministros que pondrían fin al aborto, ahora cínicamente dice que es un tema que le corresponde a cada estado.
 
También cabe resaltar paralelos interesantes entre los temas de aborto e inmigración. Desde la época de Reagan, la idea de prohibir el aborto fue una gran cruzada moral y cultural que movilizaba a una minoría muy motivada de la base del Partido Republicano. El peligro, reconocido por líderes más moderados, era que, si la causa triunfaba, el partido ofendería a buena parte del electorado y causaría gran daño al país. El reto siempre fue pretender hacer el esfuerzo sin lograrlo.
 
El tema migratorio se ha vuelto una cruzada similar dentro del partido. Moviliza a muchos votantes muy entusiasmados, pero si la causa realmente llega a triunfar, a tal grado que EU abandone su esencia de ser país de migrantes, el daño sería incalculable.

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