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La logia del piso 14

Guadalupe Loaeza
 
El piso 14 del edificio del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), en Insurgentes Sur, se convirtió, durante la administración de Arturo Zaldívar, en una especie de logia reservada exclusivamente para jueces y magistrados, quienes no sabían por qué razón habían sido citados. Era indispensable llegar puntualmente y no intercambiar palabra alguna entre ellos. Enseguida eran conducidos a una antesala donde se encontraban escoltas armados. Para esos momentos ya habían entregado celulares y dispositivos electrónicos e incluso les habían revisado sus bolsas y bolsillos.
 
En el lugar donde habían sido reunidos, se sentía un ambiente de misterio y de incertidumbre. Los más temerosos pensaban que podían ser expulsados de la hermandad. De pronto aparecía un hombre regordete, de anteojos, todos se ponían en posición firme, ya que se encontraban nada menos que frente al ex secretario general de la Presidencia del CJF, Carlos Antonio Alpízar Salazar: «Queridos hermanos juzgadores, los citamos para sensibilizarlos y darles instrucciones en favor de nuestro supremo líder Arturo Zaldívar y poner sobre la mesa una serie de instrucciones que deben cumplir a cabalidad para resolver casos difíciles que pongan en peligro nuestros intereses, pero sobre todo los de nuestro inmaculado presidente Andrés Manuel López Obrador». Todos asentían con la cabeza, porque de lo contrario corrían el riesgo de perderla.
 
«Ya saben que serán muy bien recompensados con adscripciones favorables, beneficios políticos, ratificaciones en su cargo, cursos en el extranjero pero, sobre todo, escuchen bien, se les entregarán unos abultados sobres amarillos… Como dice nuestro admirado jefe: ‘favor con favor se paga’. Ay de ustedes si nos fallan, se tendrán que atener a las consecuencias, que pueden ser ‘cambios de adscripción, inicios de procedimientos de responsabilidad administrativa o suspensiones del cargo’. Incluso aquellos que tengan el expediente limpio podrían correr el riesgo de que se les sembraran quejas administrativas».
 
Al escuchar estas amenazas, todos los jueces y magistrados se veían entre ellos con cara de angustia. Varios tenían la boca seca, se notaban pálidos, desencajados. No faltaba el que pedía permiso para ir al baño y el que se secaba las manos sudorosas en su pantalón. Los que más padecían eran los que ya tenían sobre sus espaldas un historial oscuro debido a su enriquecimiento inexplicable. Sobre todo el hermano Netzaí Sandoval Ballesteros, coordinador de la ponencia de la ministra Lenia Batres, a quien se ha señalado como uno de los principales operadores del hermano mayor Zaldívar para presionar a defensores públicos federales e «imponer estrategias indebidas». El hermano Netzaí ha sido acusado de ser dueño de un Penthouse en Santa Fe y de haber cobrado bonos y aguinaldos a varios funcionarios. «Mentira, mentira», ha exclamado el susodicho a periodistas que han osado interrogarlo sobre este asunto. «También es mentira lo del roofgarden de lujo en una terraza».
 
Todo mundo esperaba impacientemente el arribo del supremo líder de la logia, Arturo Zaldívar. Era evidente que algo pasaba, él nunca había llegado tarde a la cita de la hermandad. Entre los jueces y magistrados se oía un cuchicheo inquietante. Algunos preguntaban por Julio Scherer, sorprendidos de no verlo. «Dicen que se fue fuera de México», comentó uno de ellos. El hermano Carlos Antonio Alpízar salía y entraba angustiado al salón. En el piso 14, nunca se había sentido tanto calor a pesar del aire acondicionado. Algunos de los hermanos sudaban visiblemente angustiados.
 
 
De pronto hizo su aparición el coordinador para la reforma judicial de la campaña presidencial de la hermana ungida como candidata, Claudia Sheinbaum, es decir, el hermano mayor, Arturo Zaldívar. Enfundado en una capa negra de terciopelo que le quedaba enorme, haciéndolo parecer aún más pequeño de lo que es. Su rostro era blanco como el papel. Sus cejas se veían más depiladas que de costumbre. Con su voz tipluda, gritaba: «¡Quieren mi cabeza, Gálvez y Piña me quieren investigar por una denuncia anónima! Hermanos, nos tenemos que unir, me tienen que ayudar. El Presidente tiene la obligación de ayudarme porque yo le he ayudado a ocultar muchas cosas. Claudia, Claudia, ¿¿¿dónde estás???».

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