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La mejor inversión de este y de todos los años

Evaristo y Pablo eran trabajadores mineros en un pequeño pueblo en el estado de Hidalgo, ambos con un cargo de supervisión de mando medio, soñaban en el día que sus hijos primogénitos lograran ser grandes ingenieros para trabajar en la mina,  el único medio de subsistencia de la región. Pablo era muy alegre, optimista y dispuesto a ser un gran ejemplo para su pequeño hijo. Evaristo por lo contrario era muy serio y parecía tener en todo una actitud muy pesimista.

Cuando los hijos de ambos empezaron a ir a la escuela, Pablo se esmeró por comprarle siempre los mejores útiles escolares, así como la mejor ropa a la que un niño del pueblo podía aspirar. Contrariamente Evaristo simplemente mandó a su hijo al recinto escolar con ropas modestas así como en útiles para su educación.

Pablo a menudo se reía de su compañero de trabajo, estaba muy seguro que su hijo algún día sería un gran señor. No lograba entender por qué su compañero Evaristo en lugar de trabajar más horas extras, prefería pasar los fines de semana jugando con su hijo y esposa futbol.

─ Nada bueno le espera a tu hijo, jugando ese deporte, mira que ni en mil años saldrá un futbolista de este pueblo olvidado por Dios. Lo que debieras hacer es ahorrar para la educación de tu hijo ─ Con cinismo le decía Pablo a Evaristo.

Evaristo un tanto serio y cabizbajo no decía nada, simplemente seguía disfrutando la vida en cada juego al lado de su esposa e hijo. Llegado el tiempo se le miraba preocupado a Evaristo por todo el dinero que gastaba para que su hijo jugara fut bol. Pablo tan solo se burlaba y le aseguraba que de nada le serviría, era evidente que nunca sería un jugador profesional.

El tiempo pasó y los hijos de ambos fueron a la universidad, el hijo de Pablo podía asistir con toda comodidad, las burlas hacia Evaristo no paraban, ya que en efecto su hijo nunca tuvo el talento suficiente para ser un profesional. Con gran dificultad fue aceptado en la universidad estatal.

Al paso de unos años, los hijos de ambos lograron ser ingenieros. Con gran orgullo Pablo aseguraba que su hijo seria de todos en la mina el próximo jefe o mandamás.

─ De tu hijo qué se puede esperar, si tiene más fachada de minero que de ingeniero. ─ Aseguraba a grandes carcajadas Pablo.

Por las recomendaciones de sus padres, al ser dos trabajadores ejemplares, los hijos de ambos fueron aceptados para trabajar a prueba durante seis meses. Pablo soberbio aseguraba cuál de los dos muchachos sería el mejor.

Durante esos seis meses para ambos muchachos fue de grande frustración. El hijo de pablo llegaba a casa muy molesto, mientras que el hijo de Evaristo como en los viejos tiempos, junto a su padre y amigos seguía jugando futbol. De tal manera tan sana liberaba toda esa tensión. El hijo de Pablo ante los grandes retos se aislaba, mientras que el hijo de Evaristo sabia pedir dirección, en agradecimiento regresaba lo mejor de sí para la compañía minera, era un hecho que el deporte y el amor al juego habían estimulado en él un alto grado de socialización.

En ocasiones las cosas le salían a pedir de boca, a la primera al hijo de Pablo, por lo cual era la estampa misma de su padre. Más cuando todo iba en contra, era insoportable trabajar con él. Todo lo contrario al hijo de Evaristo, quien en el juego había aprendido a ganar y también a perder, sabia vivir alegre en ambos estados y en el esfuerzo comprendía que la vida era similar a un campo de futbol, quien cae, tiene el deber de levantarse. Para triunfar era necesario en el esfuerzo sudar, llorar y hasta sangrar pero siempre alegre seguir adelante. Ya que siempre escuchó de su padre.

─ El que se enoja pierde.

De tal forma el carácter del hijo de Evaristo en el amor al deporte y al juego se fortaleció. Cuando llegó el día de anunciar quien sería el nuevo ingeniero en jefe, la sorpresa que se llevó pablo, grandemente lo estremeció. Su hijo incluso había sido rechazado, no era ni al menos candidato para ser de esa mina un trabajador. Esto llevo al hijo de Pablo a una severa depresión, el intento de suicidio y la ansiedad constante de peligro a toda la familia embargó. Fue hasta entonces cuando Pablo entendió lo trascendental del juego como inversión. Él pretendió ganar mucho dinero para su hijo, pero al trabajar de más en compañía, juegos, sonrisas y consejos lo abandonó. Hasta ahora entendía todo lo que el juego para el hijo de Evaristo representó.

 

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