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Cargador de sueños

Por: Psic. Jesús Alfredo López

Hay varias formas de describir lo que representa mi trabajo como psicólogo.

Las personas me llaman consejero, doctor, licenciado y, por supuesto, me dicen psicólogo.

Mas yo describo mi trabajo como alguien que tiene la difícil labor y, a su vez, el privilegio, de ser un cargador de sueños.

Cuando las personas vienen a mí en busca de orientación, muchas veces me he sentido en primera fila, observando los grandes dramas de la vida y el dolor que representan en una vida sumida en la falta de esperanza.

El escuchar historias es una fascinante labor, ante el gran respeto y el privilegio de la confianza que me brindan tantas personas.

En sus narraciones puedo ver cómo es que muchos de sus sueños se han desmoronado, la angustia de sentirse perdidos y sin saber cómo seguir adelante es de lo más común.

Gran parte de mi labor es saber con paciencia escuchar, algo tan sencillo, pero tan ignorado en todo tipo de relación.

El saber escuchar pacientemente representa transmitir respeto y respaldo, a esa persona que en nuestra atención puede sentirse apreciada e importante.

Las cosas sencillas suelen ser las más ignoradas y complejas. Las personas necesitan simplemente hablar, pero encontrar a alguien que escuche sin juicio y enojo suele ser lo más complejo.

Después de hablar y de sentir literalmente el desahogo ante una vida que cree estar sumergida en un mundo de problemas imposibles de resolver, llega siempre ese momento tan especial cuando puedo brindarle a mis aconsejados una cálida mirada, quizás una leve sonrisa donde aún sin hablarles una sola palabra, les comunico que todo estará bien.

Mi intervención empieza retomando muchas de sus palabras y puntos de vista, que pareciendo tener un trágico ángulo, les hago ver que hay mucho más.

Es a través de las palabras, el medio para orientar a esa alma que creía estar errante y sin consuelo.

Es de lo más común en un inicio de tratamiento, ante el sentir donde se siente respirar muerte, el vivir  juntamente con mi paciente una presión que parece no solo aplastarlo a él o a ellos, en esos momentos y en mi unión empática y terapéutica, mi alma suele ser también atacada. La tensión se respira y se vive dentro de esas paredes en mi consultorio.

Recordemos que este universo y sus leyes están regidas por cuestiones subjetivas, tales como el amor, los pensamientos y la fe. La desesperanza se respira, encierra y presiona hasta hacer sentir la vida misma aprisionada.

Afortunadamente, cuando llega mi oportunidad de intervenir, en algún momento aparece ese momento terapéutico que para mí es algo sublime, ya que puedo ver ese instante cuando algo cambia en su mirada, se empieza a vislumbrar un brillo nuevo en sus ojos y en su manera de percibir la vida. Pareciera que una válvula de aliento se abre en su corazón y en ese consultorio donde la presión asfixiaba.

Ese brillo que empiezo a ver en sus ojos es un brillo de esperanza. Los muros de tensión y angustia empiezan a caer y el semblante de mis aconsejados muchas veces muestra el entusiasmo de unos niños que necesitan y saben que tienen que creer.

La esperanza también se respira, es en esos momentos cuando me siento levantando uno a uno muchos de los sueños rotos que parecían estar destinados al olvido. Los pongo en mi costal profesional y los cargo temporalmente, solo hasta el momento en que mis pacientes estén listos para poseerlos de nuevo.

Esto es para mí el gran propósito y deber de todo psicólogo, ser proveedor de esperanza ante un mundo que se colapsa en la ansiedad y la tristeza, nosotros los psicólogos debemos ser cargadores de sueños hasta lograr activar que los pacientes los carguen y los hagan volar.

Es un hecho que no siempre se logra esta misión, hay quienes emocionalmente llegan muertos y amurallados, resistentes a toda ayuda.

Mas en aquellos que el cometido es logrado es lo que hace que este trabajo tan poco comprendido y a veces valorado, en verdad valga la pena.

 

El autor es Licenciado en Psicología. Consultorio: Av. Revolución entre calles 38 y 40. Teléfono: 653 (12) 1 7161.

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