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Culpa, conductor del peor de mis males

Por: Psic. Jesús Alfredo López

Víctor era un joven de 24 años de edad…

Después de haber estado en la cárcel debido a un fatal accidente, creyó nunca poder encontrar de nuevo a un verdadero amigo.

Pensando que era por su popularidad muy querido, se vio grandemente sorprendido al no recibir una sola visita tras las rejas, de esos que consideró sus amigos.

En el momento menos esperado, apenas unos meses de estar libre, el haber conocido a Román le hizo reencontrarse de nuevo con el preciado valor de la amistad.

Ambos pertenecientes a una clase social de élite, incomprendidos por sus fuertes valores como el esfuerzo y la rectitud.

Las grandes charlas, los muchos planes y la declaración de Román al decirle que más que su amigo Víctor era para él como un hermano. Todo eso ahora quedaba atrás después de la fatal tragedia del suicidio de Román. Ante la muerte de su amigo, Víctor no dejaba de pensar en todas aquellas veces que habiendo recibido señales, él no fue capaz de percibir su grado de aflicción.

Ante la culpa, pasaba las noches en vela pensando en las innumerables anécdotas que en tan poco tiempo habían vivido, la culpa de no haber sido capaz de ayudar a Román, era para Víctor como el peso más asfixiante para su pecho, algo así como la peor de las oscuridades, impidiéndole la posibilidad de avanzar.

Durante el día Víctor trataba de retomar su vida, sabía que no podía quedarse enfrascado atrás, pero como el más terrible de los monstruos, la culpa sobre dimensionando su responsabilidad, originaba en él un resentimiento y odio hacía sí mismo y hacia los demás. La terrible culpa, la misma que enfoca la atención en todo error, hundiendo en un abismo a quien la abraza, buscando alejar las posibilidades para una solución.

Víctor no se daba cuenta, que por más asfixiante que este terrible sentimiento era para él, se aferraba enfermamente sin quererlo soltar. En el pasar de las semanas con esa terrible intensidad de culpa, parecía ser ya su estilo de vivir.

Ante la mirada en sí mismo como el peor fiscal, el auto-juicio lo llenaba de una amargura.

Sofocado a más no poder, de nuevo una sola palabra le hizo reaccionar, la misma que siendo como el peor de los venenos representaba por ahora su aparente única balsa de salvación en ese océano de amargura guiado por la culpa.

Este sentimiento, esta palabra, lo accionaron inmediatamente y todo ese llanto y tristeza se tornó inmediatamente en ira y acción.

Era ya el tiempo de retomar el plan creado durante los meses de cárcel, era el tiempo de sacar del papel tantas letras que le habían permitido sobrevivir en medio de la jauría de lobos, era imposible el aplazar más ese sentimiento que le recorría por las venas, el único que parecía darle un motivo para vencer a la culpa que le consumía, era tiempo de hacer valer su VENGANZA, la venganza de los ninis.

(Extracto tomado de mi nuevo libro “la venganza de los ninis”).

 

*El autor es Licenciad en Psicología. Consultorio: Av. Revolución entre calles 39 y 40. Teléfono: 653 (12) 1 7161.

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