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El abuso de los hijos

En un hogar, en medio de que los hijos adolescentes habían estudiado toda la noche, apenas empezó el día y se levantaron rápidamente a prepararles el desayuno a sus padres.

Después de esa gran prisa, en medio del desvelo y el gran cansancio, aún tenían que hacer todas las labores domésticas del hogar.

Mientras tantos, los padres de familia tan sólo exigían a gritos les prepararan algún aperitivo al estar ellos gustosos viendo algo en el televisor.

Después de mucho esmero, cuando por fin terminaron de limpiar la casa, los padres les dieron la lista de los pendientes de limpieza en el exterior de la casa, como el jardín, los autos y los mandados necesarios para preparar todo para la comida.

Ellos, en cambio, seguían sin mover los dedos, tan sólo dándoles órdenes a sus hijos.

¿Te suena esto a abuso?

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El abuso en los hogares es tan antiguo como la humanidad misma, y uno que pasa desapercibido es el abuso de los hijos ante unos padres que permiten todos los ejemplos citados anteriormente, mas quienes no mueven un dedo son los hijos.

¿Y esto es abuso?

Las labores domésticas suelen ser el martirio para millones de personas dentro de cada hogar, son causa de peleas, fricción y hasta divorcio.

¡Pero si tan solo se trata de trastes o ropa sucia!… ¿no es esta una exageración?

La verdad es que es mucho más que eso, ya que en lo cotidiano de la limpieza y de la organización del hogar, van implícito áreas esenciales de nuestro carácter.

Entendamos que cuando un hijo frustrado lava el inodoro cae más que suciedad, de un carácter cómodo y poco empático se empiezan a derrumbar cuestiones como el egoísmo, la pereza o la insensibilidad.

El forzar a nuestros hijos a realizar labores domésticas es forjar en ellos un alma sensible y cooperadora ante los esfuerzos de unos padres por mantener de manera adecuada una casa y un hogar.

Las labores domésticas son un vínculo muy importante entre padres e hijos, donde se les forja un carácter de cuidado y de gratitud, pues un hijo cooperativo valora mucho más el platillo que está comiendo, si él sabe el esfuerzo que representa cocinar, los hijos valoran más una cocina limpia si ellos saben el esfuerzo que es lavar los trastes sucios y, en lo general, valoran más la vida, pues están activos a partir de la formación social más íntima, la que se gesta en el hogar.

Cuando la suciedad y la desorganización son eliminadas en cada casa, se elimina también la irresponsabilidad y el desorden en la vida, se les gesta a los hijos el valor de la empatía y ellos reconocen desde muy pequeños que el amor no es por puro merecimiento de ser hijos, ya que todo lo que realmente permanece y crece, necesita de mucha perseverancia y esfuerzo.

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Tristemente, hay padres que por más que se esfuerzan, ven un cansancio en todo el día, por unos hijos que no son preparados para apreciar todo lo que ellos reciben.

Estos padres ignoran que al no obligar a sus hijos a ser cooperativos en el hogar, les forjan un legado de miseria, en el cual irán por la vida egoístamente tan solo exigiendo el recibir, de igual manera que fueron educados por sus padres.

Contrariamente, si deseas para tu hijo grandeza, empieza por tu hogar. No abuses de ellos, prepáralos conforme su crecimiento y desarrollo, recuerda que todo acto de grandeza, se sostiene en lo perseverante de actos pequeños. Si sueñas en que tu hijo sea un gran empresario, ingeniero, doctor, hombre o mujer estable con honradez. Tu labor empieza ahora, quizás ellos se opondrán en tu trabajo como padre, mas no minimices las grandes lecciones que hay en las labores domésticas de cada hogar.

Los valores fundamentales en cuanto a paciencia, perseverancia, respeto, empatía o humildad, es imposible aprenderlos en la universidad.

La escoba es, por ejemplo, una sabia consejera, en la cual se toma por el mango con buen ánimo y seguridad; contrariamente hay hijos que al igual que la vida, la toman de manera rígida, débil o con una soberbia al no sentir a este instrumento, algo digno de su superioridad.

Si deseas para tu hijo grandeza, bien haces, y como padre, debes imitar lo que hicieron la mayoría de los papás de los grandes de la humanidad.

Esos padres que aun y cuando no hicieron los grandes descubrimientos o inventos, sí marcaron la vida de sus hijos en la sencillez y obligación de llevar a cabo las labores domésticas.
No lo olvides, es ahí en tu casa donde forjas día a día el destino de tus hijos, para dicha o infelicidad.

*Nuestro colaborador es Licenciado en Psicología. Consultorio: Av. Revolución entre calles 39 y 40. Teléfono: 653 (12) 1 7161.

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