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Eunuco de amor

Por: Psic. Jesús Alfredo López

 

Bien dicen que esperar sin hacer nada es perder el tiempo.

Por ello, aquella tarde hace tres años decidí ponerme a leer la Biblia al estar en mi consultorio, ya que mi paciente, el cual provenía de California, me llamó avisándome de un retraso aproximado de media hora dada la intensa lluvia que lo tomó en carretera.

Al estar por varios minutos leyendo el Evangelio de San Mateo, me tomó por gran sorpresa el capítulo 19:12, cuando Cristo mencionó lo siguiente: “Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que así mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que reciba”.

Al investigar un poco acerca de las palabras del Señor Jesucristo en este pasaje, averigüé que Él se refería a tres tipos de eunucos, los cuales se hacían eunucos en un sentido espiritual, específicamente los terceros en servicio a Dios, absteniéndose del acto sexual, sin, de ninguna manera, extirparse sus miembros viriles.

Y ya que estaba investigando acerca de los eunucos, decidí indagar en un sentido literal, como es que en la antigüedad surgía un eunuco.

Resulta que el barbero primero envolvía desde su base al pene y los testículos conjuntamente en una venda común que ajustaba fuertemente, lo que producía dolor y proporcionaba la forma de una especie de embutido.

A continuación iba retorciendo hacia un lado el paquete así formado, tomaba un cuchillo curvo y lo alzaba a distancia, calculando para un corte fuerte y veloz.

Llegados a este punto, el barbero preguntaba una vez más si estaban seguros de una decisión que sería irreversible. Si el futuro eunuco era mayor de edad, él debía responder por sí mismo, y si era menor entonces la respuesta correspondía a la familia, allí presente. Si la respuesta final era afirmativa, entonces con un solo movimiento cercenaba los genitales.

Luego, junto con el inmenso dolor, se producía una abundante hemorragia. El barbero aplicaba baños de sales y aceites para detenerla y luego aplicaba una pequeña cuña de metal, generalmente estaño, en el orificio uretral.

Entonces acontecía lo más difícil, el nuevo eunuco debía estar andando despacio sin mayor descanso, y no consumir nada de líquidos por unos días.

Al cabo del tiempo, se le retiraba el tabique de metal antes colocado en el orificio uretral, si conseguía orinar, entonces la operación había sido un éxito y ya podía empezar a gestionar un empleo para servir en la Corte de su Emperador. En caso contrario, una atroz agonía esperaba al nuevo eunuco antes de su lenta muerte.

Estuve más de 40 minutos buscando diversa información sobre el tema, cuando alguien tocó fuertemente la puerta, intuí que era mi paciente, mismo que vería por primera vez.

Era un hombre muy serio y se notaba en su semblante una tristeza muy profunda. Sin siquiera preguntarle aún su nombre él empezó a hablar.

Me siento castrado doctor, por casi ya nueve años no he podido tocar a mi mujer. Me siento tan triste al punto de creer que ya de casi nada me sirven mi pene o mis preciados testículos. He avanzado en la vida, he formado una familia que me ayudado a ser un hombre de triunfo y de notoriedad. Aparento tener un matrimonio con afecto, respeto, amor y comunicación. Pero lo cierto es que una vez que se cierran las puertas de mi habitación, me siento un mendigo de amor. Parece sirvo a una reina, que tan solo me usa, para ser el mejor padre, compañero o proveedor. Pero en amores, por más que le ruego, siempre pone miles de pretextos del porque no me ha de dar cada noche  de su calor.

Me pareció tan curioso, la manera de hablar de este hombre y de cómo se asemejaba su caso, con lo que justamente acababa de aprender a causa de la lectura bíblica, por lo cual le dije: Usted, más bien, lo que parece es un eunuco de amor.

Ah, chirrión, me contestó, explíqueme por favor.

Es un hecho que hombres y mujeres tenemos necesidades muy específicas y diferentes.

Por ejemplo, las mujeres necesitan más afecto que sexo, conversación intima, sentirse seguras al lado de un hombre que es líder de sí mismo y de la familia.

Pero los hombres, por nuestra parte, necesitamos principalmente del honor, y aunque pueda parecer hasta depravado para muchas mujeres, el sexo es una necesidad muy real y de causa de estabilidad o conflicto dentro de un matrimonio.

El gran problema es quebrantar una ley matrimonial llamada la ley de la posesión.

En esta ley se enmarca que nuestro cuerpo como tal, ya no es del todo nuestro, pues también le pertenece a nuestro conyugue.

Esto no significa de ninguna manera que pasamos a ser objetos sexuales, pero tampoco lo es, el utilizar nuestro cuerpo, como una manera de chantaje o castigo, cada vez que creemos que nuestro esposa o más bien cuando el esposo se ha portado mal.

Tristemente hoy en día cada vez es más común el tipo de mujeres que practican este tipo de manipulación o de violencia sexual, originando con esto que tristemente muchos hombres ante esta genuina necesidad, sean más vulnerables a encontrar fuera de casa lo que en el aposento íntimo de ninguna manera se les da.

No solo los hombres son los violentos, cada vez hay mujeres que caen en prácticas egoístas y manipuladoras, haciendo de hombres sus sirvientes, como si ellas fueran las reinas a cuidar y tales hombres tan solo sus eunucos de amor.

Pero entonces, ¿qué puedo hacer?, me interrumpió con un tono desesperado.

Afortunadamente, le contesté, usted tan solo se siente emocionalmente castrado, pero es muy importante que no castre más su motivación.

Hay registros históricos donde incluso las reinas antiguas entregaban al eunuco su corazón enamorado, ya que estos aun sin amarlas con sexo, le entregaban todo en afecto, íntima comunicación, seguridad y protección.

En sí, sustituían lo que no podían suplir con sexo, en esas otras necesidades primordiales que la mujer tiene antes que el sexo mismo.

Lo que le quiero decir, mi apreciado eunuco enamorado, es que usted tiene que asumir que es lo que en su desesperación a puesto antes que a ella, olvidándose de brindarle el verdadero amor y cuidado como a la joya y el vaso más valioso y frágil que es su mujer.

Necesito que usted asuma su responsabilidad y deje de verse tan solo como una víctima, recuerde que el matrimonio es de dos.

Usted me dice que han pasado nueve años, es un hecho que ella en algo o alguien se refugió antes que usted.

Es decir, pueden haber sido los hijos, el trabajo, la casa, etcétera, pero usted, en las prioridades, qué puso antes que a su mujer. Se dice que el sentirse desplazado en las prioridades matrimoniales, es similar al sentimiento de violación.

En ese caso, tiene razón, me contestó el paciente. Mi esposa y yo nos hemos violado por años nuestro corazón. Estoy dispuesto a asumir mi responsabilidad, pero por favor ayúdeme doctor.

Lo último que te puedo decir, mi querido lector, es que después de varios meses de terapia de pareja, surgió en ellos una hermosa y genuina relación matrimonial de amor, respeto y comunicación y, por supuesto, el placentero sexo matrimonial.

 

El autor es Licenciado en Psicología. Consultorio: Av. Revolución entre calles 38 y 40. Teléfono: 653 (12) 1 7161.

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