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Encuentran gen de la monogamia

Ser feliz con la misma pareja para toda la vida es una de las aspiraciones que sustenta la civilización, aunque la relajación de las costumbres y una vida cada vez más larga hagan improbable cumplir el sueño.

Esta semana, la revista científica PNAS publicó uno de estos trabajos. Los científicos, liderados por Rebecca Young, de la Universidad de Texas, en Austin (EE UU), analizaron cinco pares de especies muy parecidas en la que una era monógama y la otra no.

En el equipo de la monogamia, se escogió a los ratones californianos, los topillos de la pradera y otros; en el lado polígamo quedaron los ratones ciervo y otros.

Los resultados indican que la monogamia ha surgido de manera independiente, muchas veces, a lo largo de la historia, debido al cambio de expresión de genes que están presentes tanto en monógamos como en promiscuos. En particular, los autores encontraron 24 genes cuya actividad en el cerebro tiene una relación más intensa con el comportamiento monógamo.

Una de las especies empleadas en este estudio, el topillo de la pradera, es una de las favoritas para tratar de entender a ese grupo minoritario de mamíferos que son monógamos.

Debido a mecanismos parecidos a los que provocan las adicciones, el cerebro de estos animales asocia una sensación placentera a la presencia de una pareja en particular. Más adelante, experimentos con otras especies de topillos muy similares, pero promiscuos, mostraron que si se les proporcionaba de manera artificial oxitocina y vasopresina también se volvían monógamos.

Para quienes buscan una respuesta clara sobre si nuestra propia especie es o no monógama por naturaleza, o por mandato social, este estudio no la tiene.

Incluso los topillos de la pradera, con su intenso apego a su pareja, no renuncian a una aventura sexual si se presenta la ocasión. De hecho, se calcula que alrededor del 10% de las crías de una pareja no son hijos del macho que las cuida.

Los investigadores fueron capaces incluso de crear un sistema para diferenciar a los solteros empedernidos de los que se enganchan a su media naranja. Los primeros tenían una versión más larga del gen que produce el receptor de la vasopresina que los segundos y eran más sensibles a esta hormona que ayuda a crear vínculos.

La investigadora Rebecca Young cree que una de las enseñanzas que podemos aplicar a nuestra vida de los estudios sobre la monogamia es saber “que también nosotros los humanos somos el producto de la evolución”.

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